Radio Stilo24

COVID 19

Periodismo tecnológico o ¿tecnología para el periodismo?…. en tiempos de pandemia

(RADIO STILO24) hace un repaso en esta Tribuna al uso que desde que se hace de las últimas aplicaciones tecnológicas al tiempo que plantea cuestiones clave para nuestro futuro, como la sostenibilidad, la ética… y la huella del covid 19

El confinamiento provocado por la pandemia la enfermedad, ha disparado las audiencias de medios convencionales y digitales, con consumos en niveles históricos. A las funciones esenciales de los medios de comunicación: informar, educar y entretener, la pandemia ha añadido una tarea más: la lucha contra las noticias falsas.

Los estragos que ha causado globalmente la irrupción del coronavirus son de sobra conocidos -miles de víctimas, más de la mitad de la humanidad confinada, daños económicos difíciles de estimar- pero su paso también ha dejado huellas positivas, como la heroica labor de múltiples profesionales, la solidaridad de las sociedades, el respiro medioambiental o el impulso que ha dado al teletrabajo y a la Cuarta Revolución Industrial y sus tecnologías, a las que no es ajena la prensa en cualquiera de sus formatos.

Los medios de comunicación vivimos doblemente inmersos en una transformación inédita. Buscamos un nuevo modelo de negocio ante el agotamiento del actual mientras superamos la paradoja que nos ha provocado el coronavirus. El confinamiento ha aumentado el consumo de información y de entretenimiento en televisiones, radio y Web, con Netflix reinando en los servicios OTT, YouTube en el streaming y las redes sociales o WhatsApp poniendo a prueba la resistencia de las redes con el móvil como otro de los beneficiarios de esta crisis. Pero cuanto más se está exigiendo, en cantidad y calidad de contenidos, peor está el sector con el cierre de muchas cabeceras, la pérdida de empleos y de la publicidad que los sustentaba.

También ha obligado, para mantener la actividad y cumplir con la distancia social, a una urgente adecuación tecnológica para teletrabajar y comunicar desde fuera de las distintas instalaciones. La “transformación digital”, que antes era un proyecto de futuro en la mayoría de las empresas, es ya una necesidad estratégica de supervivencia. Y tras el paso de lo analógico a lo digital ahora toca el salto a la nube (cloud), en la que trabajamos a distancia en nuestras empresas y mantenemos videoconferencias o entran en directo, sin que nos extrañe la imagen, entrevistados o invitados desde cualquier lugar y con todo tipo de cascos, fondos, ruidos y niños y mascotas alrededor.

Y ante la amenaza, el riesgo o la incertidumbre del cambio y de lo que vendrá después de que pase, en algún momento, el azote del coronavirus, tenemos la empatía, el talento y la capacidad de superación; la tecnología usada con ética e igualdad; la necesidad de dar respuesta a retos como el medioambiente; la lucha contra el control de las narrativas geopolíticas, la desinformación y las ciberamenazas o el deber, como medios, de seguir informando, entreteniendo y educando a nuestras audiencias, estén donde estén.

Dónde estamos

Acabamos de arrancar la década de los años 20 de este siglo XXI. Año 2020, el del coronavirus, el del paréntesis en nuestras vidas, un año que se llame como se llame supondrá un antes y un después en el mundo tal como lo conocíamos. Qué vendrá, es impredecible. Seguramente algo parecido pero, en esencia, muy diferente al mundo que conocíamos y en el que cambiarán muchos “cómo”: cómo será la normalidad, cómo viviremos, cómo nos relacionaremos, cómo protegeremos la salud del planeta, cómo aprenderemos, cómo trabajaremos, cómo nos moveremos, cómo consumiremos, cómo será la sociedad, cómo seremos de globales, cómo de capitalistas…

Los daños causados por este nuevo coronavirus, son de sobra conocidos. Millones de afectados, media humanidad confinada, miedo e incertidumbre, daños económicos casi incuantificables, desempleo creciendo a un ritmo trepidante, deuda en niveles desconocidos, empresas quebradas…

La geopolítica transformada con unos Estados Unidos que no ejercen ya de faro del mundo («libre») por abandono, pasividad o ceguera. China convertida en superpotencia económica siguiendo sus propias reglas de juego, con un control magistral de la tecnología y de las redes sociales y, aunque seguirá siendo alumna avanzada en el arte de la ingeniería inversa y copiar todo lo que se le ha dado para fabricar, ya es maestra en el arte de crear. El año pasado China se convirtió en el líder mundial en patentes internacionales con un récord de 265.800 solicitudes, desbancando a Estados Unidos, que había ocupado el primer lugar durante más de cuatro décadas.

La Unión Europea parece ausente de sí misma y con un liderazgo discutible en un momento clave para su futuro. La ONU no está en mejor situación y múltiples instituciones y organismos internacionales y nacionales también en entredicho por su coste y escasa operatividad y capacidad de respuesta…

Pero la desgracia y los tiempos difíciles son también en los que la faceta más impredecible del ser humano brilla en su mejor versión. A lo largo del mundo, frente a la adversidad, se han sucedido los ejemplos de entrega, profesionalidad y empatía de médicos y personal sanitario, científicos, limpiadores, militares y fuerzas de seguridad, transportistas, taxistas, vendedores, agricultores, ganaderos y pescadores, docentes, periodistas, pilotos y tantos otros empleados y autónomos “esenciales” y “no esenciales”.

Desde el comienzo de la pandemia hemos visto diariamente aplausos y mensajes como muestra de agradecimiento a esos héroes anónimos tras sus mascarillas; múltiples actos de solidaridad, apoyo y respeto; de implicación y ayuda a los más necesitados; de conocimientos abiertos y compartidos; de empresas transformándose para dar respuesta a necesidades médicas como respiradores o mascarillas; de trabajadores, innovadores o emprendedores adaptándose para seguir generando recursos; de teletrabajo sin fronteras o de un gran triunfador, junto al ser humano y su humanidad, la tecnología empleada para sus mejores fines.

Pasando el confinamiento y los estragos del virus, 7.800 millones de personas poblamos nuestro planeta Tierra inmersos en plena Cuarta Revolución Industrial y en la Segunda Revolución de la Información, pero apenas hemos dejado atrás -si es que lo hemos hecho- la Tercera Revolución Industrial con Internet cumpliendo 50 años como uno de sus claros protagonistas.

En este 2020, y espoleados por la irrupción de la COVID-19, la Inteligencia Artificial (IA), Cloud, 5G, IoT (Internet de las Cosas), Blockchain, redes neuronales, Deep Learning, impresión 3D, virtualización de sistemas, la analítica avanzada (Big Data), nanotecnología, informática cuántica o la robotización de tareas (RPA), entre otros, son ya elementos transformadores de sectores tan dispares como sanidad, agricultura, transportes, movilidad, energía, construcción, banca, educación, seguros, prensa…

El horizonte no parece sombrío, todo lo contrario. Si se cumplen algunos de los pronósticos más favorables nos encontraremos con energía renovable abundante y barata junto a un mayor enfoque en la sostenibilidad y el medio ambiente; las terapias genéticas minimizarán las enfermedades; la esperanza de vida podría aumentar en más de 10 años; habrá más riqueza y mejor distribuida; la movilidad se redefinirá con los vehículos autónomos y todo, literalmente “todo”, podría estar conectado a un coste muy bajo con una particularidad, que ese “todo” será “Inteligente”.

Hay cerca de cinco millones de APPs (aplicaciones móviles) listas para descargarse en Google Play (para dispositivos Android) y en Apple App Store (para dispositivos IoS de la misma marca). De ellas vamos a centrarnos en unas que interesan especialmente a los medios por su impacto, contenidos o capacidad de difusión, las “sociales”.

Las más populares están disponibles en los principales idiomas, por no decir directamente en casi todos. Permiten a los usuarios conectarse, interactuar o saber qué sucede, con amigos, otras personas, instituciones o eventos sin encontrar limitaciones geográficas, políticas o económicas (exceptuando las que imponen directamente algunos gobiernos).

¿Dónde están los medios?

En estos momentos los medios de comunicación vivimos doblemente inmersos en una transformación inédita. Estábamos, estamos y estaremos reconstruyendo o buscando un nuevo modelo de negocio ante el agotamiento del actual. Y, buscando salida a esa crisis, llegó desde China el empujón inesperado.

El coronavirus ha provocado el cierre de muchas cabeceras, la pérdida de empleos y de la publicidad que los sustentaba. También ha obligado, para mantener la actividad, a una obligada adecuación tecnológica y a la urgente reflexión de que el futuro que queramos ser es ya, es hoy.

Se acabó el “menú del día” para todos, elaborado con contenidos generalistas. Hoy la demanda (y la supervivencia de muchos medios) pasa por lograr la casi individualización de noticias y contenidos: los espectadores, lectores, oyentes o consumidores quieren acceso personalizado, continuo, inmediato a lo que quieran, donde lo quieran y como lo quieran, que sea incluso una experiencia.

La velocidad y dinámica con que se crean y desechan los contenidos en la actualidad hacen que se requieran elementos innovadores, ya sea desde la narrativa, la técnica o el medio, es decir, desde lo que contamos, la forma en que lo hacemos y por dónde o cómo lo distribuimos. Enfocarse en el usuario consiste, no solamente en encontrar qué quiere que contemos, sino cómo quiere que lo hagamos y también cómo prefiere sentirse escuchado.

Las audiencias están tan fragmentadas y el mercado tan saturado de plataformas, de dispositivos o de medios, que no es fácil discernir dónde vamos sin olvidarnos qué y quiénes somos como medios.

La prensa escrita abandona el papel, aumenta sus contenidos audiovisuales y compite en Internet buscando modelos de supervivencia basados en muros de pago o cuentas freemium, una transformación digital a la que no son en absoluto ajenos los medios nativos. Las radios se hacen digitales, se recuerda con cariño las emisiones en Onda Media o AM, mientras los programas actuales se retransmiten por televisión o Redes Sociales. El DAB (Digital Audio Broadcasting) parece ser la elección del futuro y los podcasts son la referencia. Twitter, FaceBook, YouTube, Twitch o TikTok cuentan con miles de millones de seguidores que generan contenidos, compartidos gratuitamente, que se transforman en miles de millones de ingresos en publicidad, cifras que desaparecen de las plataformas convencionales.

Según WARC, en 2020 se estimaba que la publicidad en el entorno digital podría crecer un 7,1% hasta los 660.000 millones de dólares, más de la mitad de la inversión publicitaria mundial, cifras que se conocían antes de la pandemia. Por poner algunos ejemplos, se calculaba que 107.900 llegarían a Google, 82.900 a Facebook, YouTube obtendría 18.500 y Twitter 3.300.